La vida no es siempre fácil y en ocasiones nos podemos ver desbordados por diversas situaciones que no sabemos cómo afrontar o que nos paralizan y dificultan nuestra toma de decisiones.
En el camino de convertirnos en adultos acumulamos experiencias, tanto agradables como retadoras que nos marcan, algunas de las cuales logramos superar y cerrar, pero otras vuelven a nosotros cuando menos lo esperamos, haciendo que caigamos en viejos patrones casi sin darnos cuenta. Desde pequeños hemos aprendido formas de actuar que, en su momento y su contexto fueron útiles pero que se vuelven más un lastre que una ayuda según crecemos, y a menudo no sabemos cómo cambiarlas.
Este cúmulo de experiencias pasadas y presentes, esas dinámicas vitales y relacionales pueden causarnos un daño emocional que puede causar ansiedad, depresión, baja autoestima… A veces no nos tomamos el tiempo necesario para enfrentar estos desafíos o no disponemos de las herramientas necesarias, provocando que se acumulen y al final nos sobrepasen.
La terapia para adultos nos ayuda a encontrar un espacio y tiempo necesarios para sanar y enfrentar nuestros problemas. Siempre acompañados por un profesional que nos guía, podemos descubrirnos a nosotros mismos y encontrar herramientas que no sabíamos que teníamos y crear unas nuevas acordes a nuestras necesidades actuales. Los problemas pueden abrumarnos tanto que nos impiden ver una solución, dificultando ver la luz al final del camino.